Lo miremos por donde lo miremos, la violencia siempre será violencia, por más que queramos camuflarlo de fiestas populares y tradiones de raíces - podridas.-
Las peleas de perros o de gallos (hay bestias que enfrentan todo tipo de animales a los que enseñan semejantes barbaridades, violando los derechos básicos de todo ser vivo), caballos que cruzan hogueras para diversión del "irrespetable", lanzar cabras desde torres (has leído bien), y las mil y una atrocidades que se practican con los toros en lo que hay quien se empeña en llamar fiestas populares arguyendo que son de "interés".
Me pregunto ¿a quien le interesa que se maltrate a un animal?
Todavía se defiende la postura de "demostrar la bravura del toro" o que el "animal no sufre", pero la realidad de esto no recae sobre ello, sino sobre la triste estampa de disfrutar con un animal que, aturdido y asustado, no comprende nada de lo que esta sucediendo.
Una vez más, seguimos amparándonos en una supuesta e ilusoria superioridad con respecto al resto de órigenes de la Naturaleza.
Atroz, como el toro de la Vega, en Tordesillas, es una tradición del siglo XV que aún hoy se celebra. Consiste en perseguir a caballo a un toro por la vega del Duero y lancearlo asta la muerte. Se defiende como algo ancestral de raigambre.
Y digo yo, estamos en el siglo XXI, eso es historia de un pueblo, un entretenimiento de otro tiempo que se practicaba cuando las mentes de nuestros antepasados se aburrían sin niguna oferta cultural y de "ocio".
Si ese es el argumento con el que cuenta, habrá quien pueda apostar por aquellos actos de fe - dantescos espectáculos públicos que arrancan en el siglo XXI - que se celebraban en las plazas y en los que se quemaban a los reos mientras gente de todas partes acudián a contemplarlo y a pasar la tarde del domingo.
Evolución. Nos queda mucho por recorrer.

